El Abuelo, el Sastre
Sus manos eran mapas de un oficio sagrado.
Tijeras que cantaban al abrirse, dedos que medían el mundo en centímetros de paciencia.
Él conversaba con las telas en silencio, les daba forma con hilo y voluntad. Era poeta de las costuras, arquitecto de trajes a medida que guardaban no solo cuerpos, sino sueños enteros.
En su taller olía a lana nueva y a tiempo bien empleado.
Cada prenda era un legado, un juramento en tela.


El Padre y la Madre, el Alma y la Vitrina
De sus manos heredaron el arte, pero juntos tejieron un sueño más grande. Él, con la aguja del abuelo en una mano y la cuenta de resultados en la otra.Ella, con el don de la belleza, convirtiendo el escaparate en un poema visual.
Mientras él cuidaba de los hilos por dentro, ella tejía el hechizo por fuera.
Con maniquíes y sedas, con luz y armonía, creaba el imán que llamaba a la puerta. Eran la esencia y la apariencia, el corazón y el rostro de un mismo sueño.
El hijo, el Nuevo Rostro
Llegó con vientos nuevos y mirada amplia, heredando no solo telas, sino miradas. De su padre aprendió el pulso del comercio, de su madre, el arte de contar historias sin palabras.
Ya no era solo la sastrería, sino el universo completo de la moda: elegancia para ella, estilo para él.
Convirtió el legado en lenguaje, y el comercio en experiencia. Viste a hombres que buscan identidad, y a mujeres que celebran su esencia.
Lleva en la sangre el hilo invisible que une estas tres generaciones:
la precisión del abuelo, el coraje y visión de sus padres, y la pasión que no conoce fin.

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